El periódico informa que en el 2050 “España se africanizará” si no reducimos las emisiones de CO2. Pero poco le importa a María, quien embarazada de 2 meses, tiene que abandonar su prometedor, hasta hace dos semanas, puesto de trabajo por recorte de personal, un recorte que paradójicamente solo le ha afectado a ella.
Pedro escucha la radio y se entristece cuando oye que “el agua será un bien escaso” pero piensa ¡qué se le va a hacer!, poco puede hacer él. Ya tiene bastante con llegar a fin de mes con la insuficiente pensión que cobra desde su accidente laboral.
El periodista Mario, quien con su profesión quería cambiar el mundo, también sabe que “los veranos españoles serán tsunamis de calor” y que la solución está en manos de los políticos, pero se resiga cansado, al igual que está cansado de cubrir los mítines de estos, quienes después de un año de mentiras e intentos de confundir a la población, ponen su mejor cara ante la idea de frenar el cambio climático.
También lo sabe la ornitóloga Clara, quien ha podido observar como este año las aves no emigraban hacia el sur en busca de un clima más cálido. Aunque más le importa a ella y a su mujer que se tramiten los papeles de adopción.
A Ramiro, acostado en una cama de hospital, poco le importa la extinción del 30 % de las especies, en cambio se enfurece cuando oye que España es una nación con distintas nacionalidades.
“África podría morir de hambre por el calentamiento global” escucha Amparo y llora por ellos, al igual que llora todas las noches cuando su marido la maltrata.
Abdel Hakîm también conoce la noticia, sabe que las playas se recortarán, pero desde que llegó a Tenerife su prioridad es conseguir dinero para enviar a su familia.
Cada vida es un mundo, cada historia es distinta, pero todos algo en común, un mismo planeta.
miércoles, 12 de diciembre de 2007
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